Un día extraño
Hoy tampoco tengo demasiadas ganas de escribir nada en especial, así que he sacado del baúl de las historietas antiguas una, que aunque no sea nada del otro mundo, en su momento me gustó bastante escribirla:
Un día extraño
Me desperté como cada mañana, cansado y sin ganas de ir a la universidad, decidiendo si me levantaba o apagaba el despertador y dormía 10 minutos más. Me quedé mirando fijamente el techo de mi cuarto sin poder apartar la vista. Algo me impedía apartar la mirada, y, de repente, de un salto me levanté.
Empecé a hacer las cosas de todos los días, con una desgana cada vez más inminente me lavé la cara, me vestí, desayuné, y todo esto de una forma mecánica, casi sin quererlo estaba listo para irme. Pensé que es raro ese estado en el que haces todo de forma tan rutinaria que no te das cuenta ni que las has hecho. Tras volver de esos pensamientos casi filosóficos decidí que era temprano, puse la tele y … ¡me desperté en la cama!. Me paralizó el recuerdo de todo lo que había hecho, ¿era un sueño, o me había levantado?. Miré el reloj y no había tiempo para darle vueltas al asunto. Volví a hacer lo mismo que antes, pero ahora con el temor de seguir durmiendo.
Cuando estaba a punto de irme eché un vistazo a la tele y no fui capaz de encenderla, estaba allí, apagada, esperando ¿despertarme o simplemente encenderse?.
Todavía estaba pensando eso cuando me encontré en la calle, caminando como un sonámbulo por las calles sucias por pipas y papeles de los críos la tarde antes. Me subí al coche de Alm. y sin enterarme estábamos ya en clase.
Empecé a mosquearme, ¿me había quedado dormido al venir o qué?. No me atreví a preguntárselo a los otros, por lo que seguí dándole vueltas al asunto y nuevo sin coscarme empezó la clase.
Es raro, todo el día se me estaba pasando sin darme cuenta y las clases se me estaban haciendo larguísimas. Cosa, que si se piensa le pasa a cualquier universitario, incluso a mí, pero no así, no como hoy.
Tras un largo divagueo me encontré en el ciberbar, delante de aquellas odiosas máquinas y pensando el por qué de esta mañana así. Metí las monedas en la máquina, apreté los números y ¡me encontré en mi casa!. El tiempo se volvía loco o era yo.¿Qué coño estaba pasando?.
No entendía nada, pero empecé a sospechar que ocurría algo con las máquinas, cada vez que hacía funcionar una, el tiempo se volvía loco, ¿ pero si esto era verdad por qué unas veces retrocedía y otras avanzaba? No encontré respuesta a esa pregunta, y decidí arriesgarme otra vez con la tele, aunque algo en mi interior me decía que no.
Llegué a su lado y me quedé absorto mientras observaba la luz roja que denotaba que la tele estaba “en letargo”, esperando a que alguien pulsara el mando. Fijé mi mirada y apreté el botón. Pero no pasó nada, por lo menos es lo que creí al principio, porque de nuevo estaba delante de la tele, pero ésta estaba apagada y el reloj apuntaba un minuto antes. Volvía a oír esa voz que me decía que no encendiera la tele, aunque era mucho más fuerte y se repetía continuamente, llegó un momento en que mi cabeza parecía estallar. Tras el estruendo de la voz oí algo muy estraño: “ Solucionar problema de dirup… parefrontal….aumento de …entación compunt…., activado borrado de suce…”.
Me levanté como cada mañana para ir a la universidad, apagué el despertador y salté de la cama, me asombré a mi mismo, no creía que tuviera tantas ganas de ir. Empecé a hacer las cosas rutinarias y me encontré contento y despreocupado, no entendía por qué, ya que los exámenes se acercaban, pero la vida no son exámenes, es lo que uno disfrute de ella.
Si te dejan
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